Un pozo a tierra es, literalmente, tu red de seguridad eléctrica: es el camino por el que una corriente de falla se va al suelo en lugar de pasar por una persona o dañar tus equipos. Cuando está en buen estado, protege vidas, evita incendios de origen eléctrico y prolonga la vida de tableros, motores y electrónica sensible. Cuando está deteriorado, el riesgo es invisible hasta que ocurre el accidente.
¿Qué exige la norma en el Perú?
El Código Nacional de Electricidad – Utilización, en su regla 060-712, establece que la resistencia de una puesta a tierra convencional de un solo electrodo no debe superar los 25 ohmios (Ω). Ese es el techo legal para instalaciones convencionales. Sin embargo, cumplir el máximo no significa tener un buen sistema: en la práctica profesional se busca estar por debajo de 5 Ω, valor que asociaciones como IEEE y NFPA consideran indicador de un sistema de calidad. Para aplicaciones críticas la exigencia es mayor: centros de control y salas de cómputo suelen requerir menos de 1 Ω, y en subestaciones el valor máximo se determina según las corrientes de falla del sistema.
Antes de instalar, se mide el terreno
La norma también obliga a evaluar la resistividad del suelo antes de diseñar la puesta a tierra. No es lo mismo un terreno arcilloso y húmedo que uno rocoso y seco: el diseño (número de electrodos, tratamiento del suelo, geometría) depende de esa medición inicial.
¿Cada cuánto medir?
La resistencia de un pozo a tierra no es un valor fijo para siempre: cambia con la humedad, la corrosión de los electrodos y el paso del tiempo. Por eso se recomienda medir con telurómetro al menos una vez al año, y también después de una ampliación eléctrica, una descarga atmosférica o cualquier evento que haya podido afectar la instalación. Muchas empresas, aseguradoras y entidades públicas piden el certificado de medición vigente como requisito, y ese certificado debe estar firmado por un ingeniero eléctrico colegiado (CIP).
¿Y si el pozo no cumple?
Si la medición supera los 25 Ω, la norma indica reforzar el sistema; una solución típica es instalar un electrodo adicional a una distancia equivalente a la longitud del electrodo (por ejemplo, 2 m) y, cuando corresponde, aplicar tratamiento al terreno para bajar la resistividad. Un buen diagnóstico evita gastar de más: a veces el problema es una conexión y no todo el pozo.
En E&E Ingenieros diseñamos, instalamos y medimos pozos a tierra con equipo calibrado y te entregamos el certificado según el CNE, firmado por ingeniero colegiado. Si no recuerdas cuándo fue tu última medición, probablemente ya toca.
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